Mitos y alternativas a la guerra contra el terror

Artículo publicado en el Semanario Brecha de Uruguay.

Francia se embarca desenfrenada rumbo al podio mundial en exportaciones de material militar, mientras ve cómo en menos de un año más de 200 civiles han muerto en Francia debido a atentados reivindicados por grupos yihadistas. La simbiosis entre ambas realidades no deja sitio a alternativas antimilitaristas que apuestan por vías menos mortíferas y costosas para resolver los conflictos

La lógica de la industria armamentística actual no entiende de alternativas. Sí de crecimiento desenfrenado, beneficios abundantes y respuestas hegemónicas. “El mundo está lleno de gente estúpida”, “en la historia de la humanidad siempre ha habido guerras” o “trabajamos para un mundo mejor” son algunos argumentos que repiten los vendedores de armas en la feria bianual Eurosatory, celebrada el pasado junio en París con más de 1.500 compañías internacionales dedicadas a la defensa.

Acogiendo a Eurosatory, del que participa el Ministerio de Defensa francés, Francia se erige abiertamente como propulsora del negocio del armamento, que cerró el pasado 2015 con una cifra récord de exportaciones en materia militar: 16.000 millones de euros, casi doblando los 8.200 millones de 2014. Así, Francia se sitúa como cuarto exportador mundial, en una lista que encabezan Estados Unidos, Rusia y China -y que sigue Alemania en quinta posición. Al mismo tiempo, el país de la liberté, égalité et fraternité ha sufrido varios atentados yihadistas en el último año. Más allá de banderas y parlamentos diplomáticos, las preguntas más obvias se erigen sin respuestas claras: ¿Hasta qué punto existe una estrecha relación entre el subministro francés de armas a Oriente Medio y la repercusión en forma de atentados en este país exportador? O bien: ¿Existen alternativas antimilitaristas a la ‘guerra contra el terror’?

Tras cada atentado en Francia, la reacción de los países europeos consiste en responder con más violencia, obviando otras vías que pudieran buscar soluciones menos costosas y mortíferas a los conflictos. Así, los factores que influyen en la decisión de atacar a un país pueden recaer en la convicción ampliamente aceptada que la fuerza militar es la única solución, y que los civiles necesitan protección. También puede servir como justificación las expectativas de la opinión pública de que “algo debe hacerse”, pareciendo así que la violencia es la respuesta más clara y corta. Asimismo, la influencia de los lobbies de la industria armamentística y la necesidad gubernamental de justificar los gastos militares del presupuesto de defensa pueden ser otros factores.

A la búsqueda de alternativas

Aun así, las propuestas que abogan por vías alternativas existen. Aumentar el presupuesto para iniciativas para la paz, incluir a civiles locales, mujeres y jóvenes en prevención o mediación de conflictos son solo algunas formas alternativas a la industria de la defensa con el objetivo de construir la paz. Si bien puede parecer naif pensar que las siguientes propuestas podrían traer paz, también lo es creer que algunas misiones de bombardeos y una salida rápida del conflicto pueden conllevar una reacción positiva en cualquier situación de violencia.

  • TRAER A LOS CULPABLES ANTE LA JUSTICIA

La Corte Penal Internacional (ICC en inglés) podría servir como un instrumento eficaz para demostrar a la ciudadanía que, cuando no se respeta una ley, se aplican consecuencias penales. De lo contrario, la sensación de impunidad se hace hegemónica en la sociedad y la violencia termina por convertirse en una de las vías más factibles para reaccionar ante una injusticia. Donde no hay justicia, no hay paz y, en consecuencia, crece la violencia.

El uso repetido de armas químicas en la guerra de Siria por distintos bandos del conflicto, en mayor medida por parte del régimen sirio, da pie a la sensación de inmunidad: el mensaje parece ser que, al no haber consecuencias penales, estas acciones pueden seguir desarrollándose. La organización médica SAMS –Syrian-American Medical Society-, que trabaja en Siria, denunció que casi 1.500 sirios habían muerto en la guerra siria debido a ataques químicos, la mayoría producidos por el régimen sirio. SAMS explicaba que “el miedo causado por estas armas silenciosas e impredecibles provoca que los civiles huyan en mayor cantidad comparado con el día después de un ataque convencional”. El ataque químico más destacado, que llevó a una investigación por parte de Naciones Unidas, tuvo lugar en el barrio de Goutha –en las afueras de Damasco- en 2013, acabando con la vida de cientos de civiles –la oposición siria cifró el número de muertos en más de mil. Desde aquel hecho, los ataques han seguido, y son varias las voces de expertos que alertan del riesgo que supone normalizar los crímenes de guerra y que queden con total impunidad.

  • PRESIONAR PARA UN EMBARGO O MAYOR TRAZABILIDAD DEL ARMAMENTO

Recientemente Amnistía Internacional denunciaba que al menos un cuarto de los países que firmaron el Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA), que entró en vigor en 2014, no cumplen las obligaciones que se establecieron previamente. Los firmantes del acuerdo deberían someterse al escrutinio público en cuanto a compraventa de armas y equipo militar.

Así, el objetivo es introducir la ética en la industria armamentística. Cuando un gobierno vende material militar a otro, se trataría de incrementar los controles para ver qué efectos tendrá el armamento sobre aquél conflicto: qué uso se hará de aquellas armas -contra quién-, qué provocarán, cómo afectarán a la situación, etc. Desde Amnistía Internacional subrayan que “el TCA ofrece la posibilidad de salvar millones de vidas, por lo que resulta especialmente alarmante que los Estados que lo han firmado y ratificado parezcan pensar que pueden seguir suministrando armas a aquellas fuerzas que saben que están cometiendo crímenes de guerra”. La denuncia apunta a países como Estados Unidos, Francia, Italia, Bulgaria o Chequia, que han seguido subministrando armas a Egipto pese a la represión del gobierno contra los disidentes.

En otro ámbito, Francia, Estados Unidos, Alemania o Gran Bretaña, entre otros países europeos, han seguido proveyendo armas a Arabia Saudí que pueden ser utilizadas en la ofensiva de este país en Yemen, según anunció en un informe detallado ATT Monitor –un proyecto para el control de las armas- con el soporte de organizaciones internacionales como Amnistía Internacional. Desde la intervención saudí en Yemen el marzo de 2015, más de 6.400 personas han muerto y 30.000 han resultado heridas en el país más pobre del Golfo Pérsico.

  • DEJAR DE LEGITIMAR LA TESIS QUE NEGOCIAR CON LOS GOBIERNOS AUTORITARIOS ÁRABES ES NECESARIO

La creación de Estado Islámico y la presencia de otros grupos extremistas han dado pie a la teoría que es necesario negociar con líderes autoritarios árabes para frenar el avance de movimientos yihadistas. Gobiernos europeos como el francés no han parado de aumentar el soporte militar a regímenes autoritarios, pese a la preocupación de los que alertan del riesgo de inestabilidad para el país que puede suponer reforzar las exportaciones de armamento.

Globalmente, Francia es uno de los mayores suministradores de armamento a Oriente Medio. El flujo de material militar no ha parado de desplazarse de Francia –también de Rusia o Estados Unidos- hacia Oriente Medio a medida que se agravaba la violencia en la turbulenta región. En el período 2010-2014, por ejemplo, el 38% de las exportaciones francesas llegaron a Oriente Medio, según datos oficiales del Ministerio de Defensa francés. En concreto, Francia mantiene lazos comerciales estrechos con Egipto –con quien ha firmado contratos de exportación por valor de 5.000 millones de euros el 2015- y Qatar -6.300 millones también el año pasado-. A principios de 2015 Francia vendió 24 aviones de combate Rafale a cada uno de los dos países. Además, el presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi también vendió dos portahelicópteros Mistral, un lote de misiles del fabricante MBDA, corbetas y una fragata, según recoge el portal Defensa.com.

Siguiendo a estas teorías, Francia se ve involucrada en varios frentes debido a la aparente necesidad de la guerra contra el terrorismo. Por ejemplo, en la conflictiva región del Sahel Francia encabeza la Operación Barkhane con 3.000 soldados en cooperación con cinco excolonias –Mauritania, Mali, Burkina Faso, Nigeria y Chad- con el objetivo de luchar contra el terrorismo en toda la región, según apunta Barah Mikaïl, analista en relaciones internacionales en el desaparecido think tank europeo FRIDE. Francia también mantiene estrechos lazos con Argelia, “un país la estabilidad del cual es importante para la sub-región y cuyos servicios secretos –en Libia, y particularmente en el norte de Mali- es importante para garantizar una efectiva guerra anti terrorista regional”, añade la misma analista.

  • REDUCIR DESIGUALDADES ECONÓMICAS Y SOCIALES PARA FRENAR LA VIOLENCIA

Como dicta el sentido común, allí donde hay desigualdades -ya sean propiciadas por factores económicos o sociales-, es más común que aumente el sentimiento de descontento y frustración entre la sociedad. El investigador en movimientos islámicos Hassan Abu Hanieh apunta en el libro colectivo ‘El secreto de la atracción. Propaganda de ISIS y reclutamiento’ que la respuesta represiva de los gobiernos en los levantamientos árabes de 2011 –más especialmente en el caso extremo de Siria- propició una reacción difícil de canalizar entre la sociedad. “Es un hecho innegable e histórico que cuando los caminos pacíficos para el cambio son bloqueados, esto automáticamente empuja la gente al uso de la fuerza”. Y, en consecuencia, añade que “el proyecto yihadista está listo para aceptar gente enfadada por el hecho que la vía pacífica ha sido bloqueada”.

En el mismo libro colectivo sobre las razones que empujan a ciudadanos a tomar parte de Estado Islámico, Uthman al-Mukhtar, investigador sobre grupos armados en Irak, trata de explicar que el nuevo gobierno que surgió tras la invasión estadounidense en Irak trajo “13 años de injusticia, opresión, discriminación, detenciones y cientos de miles de gente herida y muerta, todos dentro del gobierno de Al Maliki. Una sociedad no puede producir jugadores de fútbol, artistas o partidos políticos pacíficos bajo estas condiciones. Lo que emerge será una respuesta de miedo y persecución, y [la sociedad] intentará cambiar esta situación por todos los medios”. Al-Mukhtar prosigue que esta situación culminó con un “levantamiento pacífico que fue brutalmente suprimido por el gobierno, y que acabó con la vida de cientos de vidas en Fallujah, Baqubah, Mosul y Huwaija. Esto creó el terreno para el nacimiento de una organización extremista brutal. Desafortunadamente, Occidente puso atención demasiado tarde”, lamenta.

  • ANÁLISIS RIGUROSOS DE LOS CONFLICTOS FRENTE A LA RESPUESTA ARMADA UNIDIRECCIONAL

Ante las opiniones que promueven una “nueva guerra fría” o alertan de la amenaza de un “jihadismo global”, organizaciones no-violentas apuestan para que los líderes políticos pidan análisis rigurosos de los conflictos sobre los cuáles basar sus decisiones -en detrimento de la respuesta bélica mediante bombardeos. Hay motivos complejos por los que la violencia se repite una vez tras otra en determinadas partes del mundo. Uthman al-Mukhtar subraya que “comprender las razones por las que voluntarios se unen a Estado Islámico tendría que ir primero. Es más necesario que enviar aviones para bombardear Mosul, Fallujah, al-Raqqah, Deir ez-Zor y otras ciudades, que al final solo acabará con más vidas de civiles, ganando así ISIS más simpatía y prestigio entre la gente de esas áreas”.

Las narrativas violentas que también se desencadenan desde Europa, sobre todo después de un atentado yihadista en suelo europeo, provocan una reacción narrativa que a su vez ayuda a extremistas violentos a apoyar el mensaje de odio mutuo. Los conflictos en Siria, Irak u otras regiones requieren de una serie de esfuerzos políticos y humanitarios que a menudo quedan relegados en aras de la respuesta violenta. Justo la mañana siguiente del ataque yihadista múltiple en París en noviembre de 2015 que acabó con la vida de 130 personas, los periódicos se llenaban con portadas unísonas que anunciaban la revancha bélica mediante bombardeos en territorios controlados por Estado Islámico: “Francia bombardea Raqqa, capital del Estado Islámico en Siria” –en el ejemplo del periódico español El Mundo.

Poco antes, a finales de septiembre de 2015, Francia anunciaba el lanzamiento de los primeros bombardeos contra posiciones de Estado Islámico en Siria, en lo que la presidencia francesa definía como “interés para la seguridad nacional”. Un mes y medio después, en noviembre, los atentados llegaron a París.

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