Gitanos de Bulgaria: invertir en educación para salir del gueto

Reportaje publicado en Periódico Escuela desde Sofía (Bulgaria).

El gobierno búlgaro impulsa un nuevo programa para fomentar la asistencia de la comunidad gitana a la escuela. Abordamos los retos y oportunidades de la mano de sus adolescentes

Que la cultura flamenca tiene orígenes gitanos, que algunos de los cantantes más emblemáticos de la escena musical española -como Lola Flores y Antonio González- eran gitanos, o que algunos de los mejores violinistas de Hungría también son gitanos, son aspectos alegóricos de la cultura de la comunidad romaní que muchos de sus propios miembros desconocen. Al menos, en el caso de los gitanos de Bulgaria. ¿Quién les contará que hay vida más allá del gueto, y que existen profesiones como bombero, doctor o arquitecto, a las que pueden tener acceso si no se alejan de los pupitres?

Raycho Chaprazov está hastiado de ver cómo los jóvenes gitanos de su alrededor menosprecian su propia comunidad. Es por eso que, desde hace años, vuelca sus mayores esfuerzos en Amalipe, una asociación que trata de promover el acceso a la educación de los gitanos en Bulgaria. “Tengo mucho miedo de la forma de pensar de los jóvenes gitanos. Es el pensamiento de sus padres, que no serán más que limpiadores”, lamenta Raycho, que también es gitano -aunque se ha criado fuera de lo que él entiende como gueto, igual que la mayoría de miembros que conforman su organización. A Raycho le disgusta especialmente el hecho que los jóvenes “todo el rato hablan sobre drogas. Muchos niños toman drogas. Creen que las drogas son malas, pero es lo que ven a su alrededor”.

El consumo de drogas, sumado al desprecio a su propia cultura, empujan el trabajo diario de Raycho que, antes de involucrarse en la asociación, trabajaba como fotoperiodista. “Los niños solo dicen: ‘somos mala gente, somos mala gente, somos mala gente. No está bien tomar drogas, robar… Somos mala gente’. Cuando dices a alguien durante 40 años que se quede en un rincón, que no vaya al centro de la ciudad, que no coja el transporte público… ¿Qué puedes esperar de ello?”. La inclusión de la comunidad dentro del país es tan importante que, debido al decrecimiento poblacional de Bulgaria, a finales de siglo varios estudios apuntan al hecho que los gitanos búlgaros pueden acercarse o incluso igualar en proporción al número de búlgaros no-gitanos residentes en Bulgaria. En la actualidad, este país balcánico es, además, el más pobre de la Unión Europea.

Un empuje para fomentar la asistencia escolar

Este curso escolar, como novedad, el gobierno de Bulgaria impulsa un programa que pretende fomentar la inserción de los niños y niñas gitanos a la escuela, con la finalidad añadida de abordar el creciente analfabetismo y el alto número de embarazos adolescentes en esta comunidad empobrecida, que constituye el 10% de los cerca de 7 millones de población búlgara. Según anunció el Ministro de Educación, Krasimir Valchev, alrededor de 130.000 niños no van a la escuela en Bulgaria, la mayoría de los cuales pertenecen a la comunidad Roma. De estos gitanos, el 22% son analfabetos, y solo el 9% completa la educación secundaria, pese a que es obligatoria, según recopiló la Agencia France-Presse basándose en un estudio reciente. Con esta nueva iniciativa, el gobierno búlgaro ha mandado a un millar de especialistas en educación alrededor del país para frenar el declivio. 

Pero esta iniciativa, para Raycho, no acabará con la marginación de la comunidad gitana. Para ello, sería necesario integrar al colectivo con el resto de estudiantes búlgaros. “Tenemos que sacar a los niños de los guetos, de las escuelas que segregan. La comunidad romaní no es diferente que el resto de gente: lo que cambia es Bulgaria. Viven en guetos, no ven lo que hay fuera. Solo ven a sus padres sin trabajar. Las familias sin educación no pueden entender que sus hijos tienen que ser educados”. Los problemas, según Raycho, no terminan aquí: “Los niños Roma no quieren ir a las escuelas de masas y los búlgaros tampoco los quieren allí”. Además, según Raycho, otra de las causas que contribuyen al fracaso escolar es la mala calidad de la educación en los barrios gitanos. “Los maestros no quieren enseñar y los niños no quieren aprender”, resume. “Creemos que todo el problema viene de la educación. Los gitanos no quieren ir a la escuela, pero tenemos que levantar el interés por ir. Los profesores solo dicen: ‘los gitanos han fracasado’. Pero, ¿por qué han fracasado?”, se pregunta.

Buscando soluciones, en Amalipe hace ya siete años que viajan a los pueblos búlgaros casa por casa pidiendo a las familias gitanas que manden a sus hijos al colegio. En total, trabajan en 270 escuelas de todo el país. Además de esto, imparten clases extraescolares de folklore gitano, clubes donde participan los padres y madres, y han montado una especie de parlamento donde los estudiantes pueden expresar sus inquietudes. “En Amalipe decimos que invertir ahora en los niños romaníes es invertir en el futuro de Bulgaria. Maestros, gobiernos… todos debería pensar en el futuro de estos niños”. El problema, considera Raycho, empezó sobre todo durante la época comunista, cuando se construyeron colegios dentro de los guetos en los que acudían solamente gitanos. Anteriormente a esta situación, “estudiaban en escuelas con búlgaros, armenios, judíos… autobuses iban a buscarlos” para juntarlos con el resto de alumnos.

“Somos los culpables de esta situación”

Hoy Raycho visita un instituto de formación profesional donde se instruye sobre el trabajo con productos textiles y cuero. El centro está situado justo al lado de Fakulteta, el mayor barrio –o gueto, según Raycho- gitano de Sofía, Bulgaria, que se encuentra en las afueras de la ciudad. En él, están matriculados 250 estudiantes, la mayoría de ellos gitanos –solo cinco son búlgaros no-gitanos. “Los alumnos solo van del gueto al colegio; no ven nada más”, comenta en la entrada la directora del centro, Valia. Conversamos con cinco estudiantes gitanos de primer curso; tres chicas y dos chicos, todos tienen 14 años. Los adolescentes expresan sobre todo su disconformidad sobre la vida dentro de Fakulteta, donde residen. “Me gustaría vivir en un sitio más limpio. Queremos cambiar la vida dentro del barrio; matrimonios tempranos, drogas, suciedad…”, expresa Sisi, aunque al final confiesa que no cree que nada vaya a cambiar. “Somos los culpables de esta situación; la culpa se encuentra en nosotros mismos”. Pero, ¿cuáles son las razones, según ellos, que conducen a buena parte de estos adolescentes al fracaso escolar? “Los gitanos solo están interesados en dinero y tener una vida feliz”, explica Niki. “Queremos trabajar”, añade Sisi.

Traicho, el más movido y charlatán del grupo, tiene claro que le gustaría ser taxista. Cuando termine sus estudios, Sisi querría montar su centro de belleza y emplear a varios trabajadores. Las familias de la mayoría de ellos trabajan en otros países; la madre de Milka es limpiadora en un hotel en Chipre, aunque vuelve a menudo a Bulgaria. El padre de Traicho, por su parte, fabrica mesas en Holanda. Sin embargo, no todo es negativo: Niki destaca el hecho que en su comunidad “ayudan a la otra gente con dinero” cuando surge una necesidad y también “ayudan a los enfermos”, resalta Sneja, que desea seguir viviendo en Sofía cuando termine los estudios. Les gustan sus tradiciones, y sobre todo disfrutan con la celebración de una de sus festividades, el 14 de enero.

Dentro de Fakulteta, donde viven alrededor de 40.000 personas, solo a pocos metros del instituto donde estudian estos alumnos, algunos de los hogares se reducen a chabolas, mientras que otras se encuentran mal acabadas, como si se estuvieran todavía construyendo -aunque la situación es permanente. Mientras conduce en coche por sus calles, rodeadas de carros empujados por burros que cargan mercancía de todo tipo –desde chatarra hasta alimentos-, Raycho relata que “el gobierno viene aquí en período electoral para que los gitanos les voten. Son fáciles de manipular. Es mejor mantenerlos sin educación, estúpidos: sino no sería tan fácil manipularlos. Los políticos los necesitan: alguien que tenga la culpa de todos los problemas”, lamenta. Los reproches, sin embargo, se encuentran repartidos: “Seguro que estos gitanos no tienen ningún libro en su casa, pero sí una gran televisión y equipo de música. Quizás nunca han oído hablar de Emir Kusturica o Víctor Hugo”, añade. Raycho insiste –y se le nota- en que no le gusta conversar con otros gitanos que piensan que la comunidad romaní es mala. Prefiere invertir sus esfuerzos en potenciar la historia y cultura de la mayor minoría étnica de la Unión Europea.

‘La pregunta de Samuel’: campaña para incluir la historia gitana en el currículo educativo en España

“Me llamo Samuel y tengo 10 años. El otro día estudiamos las costumbres y la historia de los esquimales, los guanches y los indios americanos. Esta tarde, haciendo mis deberes, se me ocurrió una pregunta que nadie me ha sabido contestar. ¿Por qué los gitanos no aparecen en mis libros de clase?”. Es la pregunta que se formuló el pequeño Samuel y que llegó al Ministerio de Educación con el objetivo de incluir la historia del pueblo gitano en los contenidos educativos de primaria y ESO. Se trata de una iniciativa educativa respaldada por las entidades que forman parte del Consejo Estatal del Pueblo Gitano y su objetivo, más allá de dar a conocer las costumbres del pueblo gitano, es sensibilizar a la sociedad contribuyendo “a cambiar, desde la infancia, la imagen social negativa de las personas gitanas y eliminar estereotipos y prejuicios que conducen a la discriminación”.  Aunque todavía queda mucho por hacer, este es un primer paso hacia la igualdad.

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