Pedazos de la educación pública griega

Reportaje publicado en Periódico Escuela desde Atenas.

El sistema educativo en Grecia se rige por una naturaleza particular. La mayoría de los estudiantes de los centros públicos acuden también a clases particulares al no ser suficiente la enseñanza compulsoria que reciben en la escuela

Lito, como cualquier otra joven estudiante griega, no quiso tentar a la suerte y, para asegurarse aprobar los exámenes del instituto y el posterior acceso a la universidad pública, se valió de las clases de refuerzo que le impartía una profesora en su casa durante sus años de instituto. En total, pagaba unos 250 euros al mes en clases diarias de Historia, Literatura, Griego viejo y Latín. “Mis padres querían que aprendiese bien lo que me enseñaban en la escuela, aunque también iba para preparar la universidad”, recuerda ahora Lito desde una taberna donde cada semana varios jóvenes se reúnen para tocar su laureada música tradicional griega. Con 24 años, Lito, que vive en Atenas, ya ha terminado sus estudios universitarios de Teatro, que cursó durante cuatro años, y también habla castellano, gracias a los estudios Erasmus que realizó en Andalucía unos meses durante la etapa universitaria.  

Más allá de la crisis económica que asoló Grecia, que se ensañó en particular con su sistema educativo público, existe un modelo de educación paralela que perdura en el tiempo, tan aparentemente confortable para el departamento de enseñanza del gobierno griego y el profesorado como costoso para sus estudiantes. George Giannakoupoylos, profesor que dirige la academia Mystoxos –situada en el centro de Atenas- junto a su hermano, apunta que la raíz de este problema empieza en la escuela. “Los profesores están mal pagados [cobran aproximadamente entre 700 y 1000 euros al mes]. Cuando estás mal pagado, no te importa, no pones esfuerzos”. Además, George apunta a la falta de preparación del profesorado. “Muchos profesores no tienen la educación suficiente para preparar. A veces el profesor dice en clase a los alumnos: ‘Estudiantes, no tendré tiempo suficiente para esta lección, pero no os preocupéis, ya lo estudiaréis en las clases particulares’”. En total, en 2015 Grecia tenía registrados unos 37.000 tutores que imparten sus lecciones en centros privados, según informó la BBC en un artículo sobre la cuestión.

En esta situación, que supone de facto el establecimiento de un sistema educativo público-privado, George no le ve solución a corto plazo. “El gobierno de Grecia no combate esto porque miles de profesores encuentran trabajo aquí. Si no, muchos estarían en el paro”, ya que el sector público no tiene capacidad para proveer de trabajo a todos los profesores titulados. “Nuestros fondos [del gobierno] no se destinan a la educación, igual que tampoco invierten en otras áreas importantes”, lamenta este profesor. De hecho, Mystoxos nació hace 35 años cuando su padre, también profesor, no encontraba trabajo en el sector público; “estaba en la cola”. “Antiguamente ya existían estas lecciones privadas, pero en menor medida. Ahora se ha expandido”, debido mayormente, según George, a las razones ya expuestas.

Ahora, este centro cuenta con 45 profesores y acoge unas 200 estudiantes –la mayoría chicas-, que pagan unos 200 euros al mes por dos o tres lecciones semanales de 3 o 4 horas cada una de Historia y Lengua Griega, principalmente. De hecho, muchos de los profesores en Mystoxos eran estudiantes anteriormente en esta misma academia. Según George, de no ser por la posibilidad de impartir clases privadas, la alternativa para estos profesores que no encuentran un puesto en el sector público sería emigrar. Sin embargo, “a los griegos no les gusta emigrar, es la última opción. Prefieren buscar otras vías, como ésta [trabajar en la academia privada].

Sobre la necesidad (o no) del ‘Frontistirio’

Pese a este modelo establecido, Lito considera que se podría llegar a la universidad sin necesidad de asistir al ‘Frontistirio’, que es como se conocen las clases particulares. “Hay gente que llega a la universidad sin clases privadas, esto significa que se puede, pero existe la idea que se tiene que ir a las clases con menos gente, etc. A mí personalmente me hubiese costado más sin las clases. Yo sola estudio, pero con alguien al lado es mejor”. Aun así, haciendo un esfuerzo, “probablemente hubiese sido suficiente con las clases del cole”. Lito, sin embargo, expone una paradoja: “A veces los alumnos aprenden antes la lección en la academia que en el instituto público. O sea, si no vas a refuerzo, quedas atrasada en las clases normales”. En su clase, solamente una chica no acudía a las clases privadas. “Ella no quería ir a la universidad. Ahora esta chica trabaja en un barco ayudando con la limpieza, y también aprende cómo funciona el barco. Todos los demás alumnos querían ir a la universidad”.

La gran dificultad en la temida prueba para acceder a la universidad se convirtió en la obsesión de los padres de Lito e hizo que esta joven siempre contase con estas clases en su rutina. El mayor miedo, pues, es no tener la nota suficiente para entrar en un centro público y tener que ir a una universidad privada, ya que existe la idea de que cuentan con menos reconocimiento académico. El elevado precio de la matrícula también podría suponer también un inconveniente, aunque según Lito no es lo principal. A lo largo de la educación secundaria, “pagas tanto dinero en academias privadas para prepararte para poder acceder a una universidad pública que al final ya tendrías la matrícula de la privada pagada”.

Otras formas de educar

Para Lito, una posible solución a este sistema pasaría por incluir las clases particulares dentro de la escuela. “Podrían hacer clases de refuerzo dentro de la escuela, cuando se termina la clase normal. Ahora llegas a casa y tienes que volver a hacer clases o estudiar para el cole, esto no es normal”, lamenta. De esta forma, podrían quedar disponibles más horas del día para descansar o para invertirlas en otro tipo de actividades extracurriculares.

Asimismo, Lito sitúa una parte de la responsabilidad en el gobierno griego. “Cada gobierno cambia el sistema de clases. Hay que hacer pasos más estables desde la educación primaria: cómo estudiar, cómo prepararse… Hay que poner más profesores: no puede ser que un mismo ‘profe’ imparta varias asignaturas, porque si el profe no tiene los conocimientos suficientes, entonces habrás perdido todo el curso”. En definitiva, según Lito “hay que dar más atención a la calidad de lo que aprendes; no centrarse solamente en pasar los exámenes”.

Echando la vista un poco atrás, Lito se pregunta ahora cómo sería su vida si no hubiese pasado por la universidad. “Imagínate que no hubiese ido a la universidad: ¿qué podría hacer ahora? Solo trabajar. La universidad te da otras opciones. ¿Si no, qué haces? Terminas el instituto a los 18 años. ¿Vas a trabajar toda la vida? Quieres aprender algo más, evolucionar…”. Al terminar su carrera, Lito no ha parado de participar en distintos programas de movilidad internacionales en países como Bulgaria, Austria y Filipinas para seguir aprendiendo –como ella misma subraya- y conocer otras formas de convivir.

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